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Una iglesia que evoluciona permanentemente

La evolución tiene que ver con la implementación de un cambio, no solamente en las personas, sino también en las costumbres, el modo de vida, la manera de cómo hacemos las cosas y en como implementamos ciertos trabajos. Esta vinculación al cambio va de la mano con los tiempos y con la sociedad.

En esta época en la que estamos sumergidos en la tecnología y en una nueva era, seguimos viendo iglesias que continúan trabajando de la misma manera de cómo se llevaba el evangelio desde hace muchos años. Podemos ver la misma alabanza, los mismos instrumentos y un estilo ortodoxo, y no es que está mal, porque la presencia de Dios también está en esa congregación, pero es importante que moverse al ritmo del tiempo.

Alcanzar almas para Cristo es primordial, y tocar el corazón de las nuevas generaciones debería ser el blanco, pero no podemos captar la atención de esa juventud si seguimos predicando como en la vieja escuela. Se debe ser más agresivo y atrevidos, hablar el mismo lenguaje y utilizar las herramientas tecnológicas para evangelizar.

Las iglesias deben evolucionar permanentemente y tener una cultura que impacte a los que no conocen a Dios. No se trata de dejar atrás la alabanza, el saludo, y a lo que estamos acostumbrados, se trata de que esa alabanza debe actualizarse a la interpretación de nuevas adoraciones, a que se mueva al ritmo de los nuevos adoradores que están impactando el mundo secular.

Dios nunca cambia, es el mismo ayer, hoy y siempre, pero es un Dios es movimiento, que atrapa a las nuevas generaciones con sus mismos instrumentos. El Señor también está utilizando las plataformas sociales para atrapar el corazón de muchos que no le conocen. El llamado entonces es a evolucionar, a avanzar según sea lo necesario para seguir haciendo discípulos.

Por Andreina Fersaca

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