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Reflexiones que edifican tu vida diaria

«Solamente esfuérzate y sé muy valiente…para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” Josué 1:7. Esto significaría la victoria militar, una fe firme y el cumplimiento de la promesa de Dios a Moisés.

Josué no estaba preocupado por el dinero o la fama; más bien, estaba concentrado intensamente en cumplir con el plan de Dios para él. Armado con el poder de la Palabra, marchó audazmente, y recibió las bendiciones del Señor. Y por eso, Dios lo llamó “prosperado” o exitoso. Su familia, sus relaciones, su integridad y su fidelidad son las cosas que obran juntas como la manera agradable a Dios de medir el éxito.

Escucha la voz de Dios

Filipenses 2:13  dice: “Pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo”. Existen personas que ya no pueden escuchar lo que Dios les pide, porque no están dispuestos a salir de su zona de seguridad. Dios produce en nosotros deseos e impulsos en el espíritu para que realicemos ciertas cosas, pero muchas veces ese deseo es bloqueado por la mente racional, por tradiciones familiares o malas enseñanzas religiosas, entonces el Señor ya no puede guiar a estas personas a nada nuevo, porque no lo harán.

A veces lo que Dios nos pide parece que no tiene mucho sentido o creemos que no va a funcionar, pero cada vez que te nazca ese deseo por alcanzar nuevas cosas no lo evites. Cuando sientas ganas de mejorar, de llegar a nuevas metas o a realizar algo diferente para alcanzar mejores resultados, atrévete, no lo resistas, no apagues la voz del Espíritu Santo, porque luego de la obediencia se desata una gran bendición.

Escoge el camino correcto

«Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado’. Salmos 27:3.  Cuando una crisis golpea por primera vez, la mayoría nos alarmamos. Pero en ese punto, podemos tomar uno de dos caminos muy diferentes.

El camino del temor: Si nuestra relación con el Señor es débil, el temor puede hacernos entrar en pánico, buscar consejo incorrecto, culpar a las personas o a Dios por el problema, o tratar de encontrar una salida por nuestra cuenta.

Cada adversidad que Dios permite en nuestra vida está diseñada para ayudarnos a madurar, no para destruirnos. Cuando nos rendimos al Señor en medio de una crisis, Él nos faculta para esperar con paciencia y esperanza.

Por Andreina Fersaca

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