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El blog de Julio: ¡Necesito una bicicleta nueva!

Salió de su casa y allí estaba Alex con su impresionante bicicleta nueva, era tan veloz. Walter entró de nueva a la residencia, cerró la puerta enojado y le dijo a su mamá «Necesito una bici nueva» su madre se encontraba en la sala viendo su telenovela y no prestó mucha atención a lo que el muchacho expuso, «mamá, te digo que mi bicicleta está muy vieja» « ¿Y qué tiene la que tienes?» dijo doña Griselda, «Es vieja, la de Alex está nueva. Con esta no puedo competir contra él», «muchachos, ¿Por qué todo tiene que ser competencia?» dijo entre dientes la joven madre.

« ¡Walter vas a salir!» gritó Alex desde afuera de la casa, el muchacho tomó su bicicleta, la vio de arriba a abajo, suspiró como tomando valor y la sacó a la calle, parecía decidido. Lo primero que hizo fue retar a su amigo «Alex, ya te gané… no me alcanzas» y pedaleó tan fuerte como pudo, el timón de su vieja bicicleta vibraba demasiado, pero no era impedimento para dejar de pedalear, volteó a ver a la izquierda y en un santiamén Walter le rebasó por la derecha, pedaleó, pedaleó pero cada vez la brecha era más grande y no pudo alcanzarlo. Llegaron a la esquina, que en realidad ellos veían como la meta final y con gran ventaja la carrera se encargó de demostrar la diferencia que existía entre uno y otro competidor.

Alex se paró al llegar a la meta y como buen amigo que gusta de las bromas dijo «Walter esa tu jarilla no da para más» y frenando con dificultad Walter dejó por un lado el disgusto y lo convirtió en una sonora carcajada y tuvo una brillante idea « ¿crees que sin bicicleta también puedes ganarme?» Alex volteó y pasó de la risa a un rostro serio, pensativo ante el reto que su amigo lanzó, «Siempre te gané en todo» confirmó Alex, «eso era antes porque yo estaba más pequeño» respondió el menor de los amigos «pero si no quieres entiendo que tienes miedo» prosiguió.

Del otro lado de la calle, salió doña Griselda y gritó «Walter necesito que vayas a la tienda» llamándolo con la mano derecha en alto, « ¿Me acompañas?» cuestionó Walter, Alex asintió con la cabeza. Estaban hablando el mismo idioma, se bajaron de las bicicletas, y sin esperar la cuenta inicial se echaron a correr, eran dos amigos inseparables. Alex tomó la ventaja, sus piernas eran más largas y sus pasos le daban la primera posición, y las pequeñas piernas de Walter duplicaban el esfuerzo, era el sprint final y sacando fuerzas de la nada el más joven de los dos alcanzó al otro, las delgadas piernas de Alex no soportaron el demoledor paso de su amigo y se quedó rezagado, la alegría en el rostro de Walter era increíble, llegó primero, entró a su casa con las manos en alto, sintiéndose victorioso y con esa sonrisa imborrable.

Su mamá lo vio y le dijo unas palabras que dieron poca importancia al momento: «ve dónde Marcos y me compras pan para la cena y compren un refresco para cada uno», Walter puso cara de sorpresa, su mamá continuó «No tienes una bicicleta nueva, porque no tenemos la posibilidad de comprárla» el muchacho permaneció en silencio, el cansancio y ante la confesión de su madre sintió que el corazón palpitaba tan fuerte que salía de su pecho, «si tienes o no tienes, mi amor, nunca vayas a cometer el error de compararte con los demás chicos, tú eres especial por quién eres y Dios te dio talentos que te hacen único» Alex puso como nunca una enorme sonrisa, abrazó a su mamá y no dijo nada porque tenía un nudo en la garganta, se dio la vuelta y su madre agregó «Vayan a tomar el refresco porque después de esa carrera se lo merecen» y sonrío.

¿Cuántas veces nos hemos comparado?,¿Cuántas veces nos sentimos inferiores por no ser buenos para algo, en lo que los demás si lo son?, ¿Cuántas veces creímos que otros podrían llegar lejos y nosotros no? nos hemos sentido menos por tener menos o nos hemos sentido más por tener más, las posesiones son vanidad, no valemos por lo que tenemos. Todos somos diferentes y nuestro potencial no descansa en las posesiones, se encuentra en que aunque somos diferentes Dios nos hizo especiales, a cada uno Dios en su infinita misericordia nos entregó capacidades que nos hacen valiosos. No debemos compararnos a los demás, porque aunque somos hechos de carne y hueso como todos, nuestra esencia nos hace únicos.

Descubre tus talentos y comprueba que fuiste hecho con amor, único y con propósito.

«Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones»
Jeremías 1:5

Autor
Julio López Carranza
www.soyjuliolopez.com
Derechos reservados

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