En el inventario de la vida cristiana, solemos confundir la «paz» con la «ausencia de problemas». Sin embargo, si examinamos las Escrituras, la paz de Dios no se parece a un lago tranquilo, sino a la calma del ojo de un huracán: un punto de quietud absoluta mientras todo lo demás se sacude.
El Ancla Bíblica: El Silencio en la Barca
En Marcos 4:35-41, encontramos a los discípulos —pescadores expertos— aterrados por una tormenta mientras Jesús dormía en la popa. Su reclamo es honesto y punzante: «Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?».
Es la misma pregunta que muchos nos hacemos hoy: «Señor, ¿te importa lo que estoy pasando?». La respuesta de Jesús no fue un discurso, sino una demostración de Su soberanía. Reprendió al viento no porque la tormenta fuera demasiado grande para Él, sino porque el miedo de los discípulos era demasiado pequeño frente a Su presencia.
Perspectiva Teológica: El «Porqué» frente al «Quién»
Como bien señala Timothy Keller en su obra Caminar con Dios a través del dolor y el sufrimiento, si tenemos un Dios lo suficientemente grande para estar enojados con Él por no detener el sufrimiento, tenemos un Dios lo suficientemente grande para tener razones que no alcanzamos a comprender.
Confiar en tiempos difíciles no significa entender el plan, sino conocer al Planificador. La teología de la cruz nos enseña que el momento de mayor aparente derrota (la muerte de Jesús) fue, en realidad, el momento de mayor victoria. Si Dios pudo sacar el mayor bien del peor mal, ¿qué no podrá hacer con tu tormenta actual?
«La fe no es la creencia de que Dios hará lo que tú quieres. Es la creencia de que Dios hará lo que es justo, aunque tú no lo entiendas ahora». — Max Lucado
Pasos para anclar el alma hoy:
- Identifica el «ruido»: A veces la tormenta externa es inevitable, pero la tormenta interna (la ansiedad) se alimenta de lo que escuchamos. Haz una pausa de las noticias y las redes, y vuelve al Salmo 46.
- Acepta la soberanía: No trates de descifrar el rompecabezas mientras las piezas aún se están moviendo. Descansa en el hecho de que el que sostiene el universo sostiene también tu mañana.
- Ora con honestidad: Dios no se asusta de tus dudas. Como los discípulos, dile lo que sientes, pero termina tu oración recordando quién es el que está en tu barca.
Oración Final: Señor, ayúdanos a no mirar las olas, sino a fijar la vista en el Capitán. Que nuestro descanso no dependa de las circunstancias, sino de Tu carácter inmutable.



