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Consigue la victoria con paciencia

Tener la capacidad de tolerar las adversidades con fortaleza y sin queja, y además esperar algo con calma y esperanza es paciencia, se trata de un fruto del Espíritu que es difícil de alcanzarlo, pero tan necesario en nuestras vidas. Vivimos en un día a día agitado, en un tiempo que va veloz y nos inmiscuimos en él, pensando en que las cosas deben suceder rápido y en el momento en que nosotros queramos. En Hebreos 12:1 dice que “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

Pero la paciencia llega cuando logramos entender que Dios sabe cuál es el momento preciso, junto ese instante perfecto para darnos lo que estamos esperando. El promete en su Palabra ayudarnos en todo tiempo, pero debemos crecer esperando y creyendo en que Él lo hará de forma inigualable. Nuestro Padre Celestial agrega varios componentes a esa espera y es el amor y el perdón.

“Con toda humildad y mansedumbre, soportando con paciencia los unos a los otros en amor”. Efesios 4:2 En nuestro corazón debe haber ese amor al prójimo, no se trata solo de la paciencia es esperar algo que estamos pidiendo, tiene que ver también con tolerar a los demás, en tenerle paciencia a las personas que nos causan problemas o que no están en la misma “sintonía” que nosotros.

¿Te ha ocurrido que esa persona con la que no coincidimos justo está en nuestro camino una y otra vez?, Dios a veces nos rodea para que aprendamos a trabajar la paciencia y el amor, pero también el perdón. “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. Colosenses 3:12-13

Promesas

La Biblia nos dice que nosotros podemos desarrollar la paciencia, pero debemos buscarla, anhelarla y orar para que Dios nos ayude a tenerla, en toda circunstancia. Justo en algunos momentos de nuestras vidas en cuando perdemos esa capacidad de esperar. Los hijos, los padres, el trabajo, problemas financieros, de salud o alguna otra situación hace que esa espera sea larga y nuestra fe comienza a menguar.

En 2 Pero 1:4-7 está con claridad en lo que debemos trabajar para llenarnos de este fruto del Espíritu. “Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”.

Por Andreina Fersaca

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