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Aprecia el trabajo y no te conviertas en una máquina laboral

Muchas veces caemos en el error de un domingo en horas de la noche suspirar y decir: “mañana es lunes, empieza la semana y nuevamente a trabajar”, esta expresión muchas veces es causada por el cansancio, estrés, el clima laboral al que nos enfrentamos o la personalidad de nuestro jefe.

En primer lugar debemos ver el trabajo no como una carga, sino como una bendición, es decir un regalo que Dios nos da para socializar, recibir una remuneración y suplir nuestras necesidades, aprender, crecer y prepararnos no solo a nivel personal, sino también en el área profesional en la que nos manejamos.

No podemos ver el trabajo como un sitio al que nos presentamos solo para ganar dinero, si no conseguimos en ese lugar una satisfacción tal vez no estamos en el lugar correcto. Debemos encontrar experiencias de vida, compañeros y jefes que nos valoren por lo que somos y por lo que estamos dispuestos a dar. La apreciación de parte de nuestros jefes y nuestros amigos laborales es muy importante para no sentir el trabajo como una carga, al contrario nos levantamos animados de aportar un granito de arena para que esa empresa crezca.

Testimonio de Cristo

“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor”. Colosenses 3:23-24. En nuestro trabajo debemos primeramente agradar a Dios, como hijos suyos debemos ser testimonio de lo que nuestro Padre Celestial ha hecho en nuestras vidas.

Convertirnos en máquinas laborales, que solo recibir instrucciones y las ejecutan, la manera de cómo nos dirigimos a nuestros empleados, o cómo se comunican con nosotros es muy importante para que cada uno sienta placer al trabajar. El lenguaje debe ser de respeto, amor y aprecio, de esta manera estamos dando ejemplo de humanidad.

“Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva; y sé también que es un don de Dios que el hombre coma o beba y disfrute de todos sus afanes”. Eclesiastés 3:12-13

Por Andreina Fersaca

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