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Una vida fructífera

Una vida fructifera


En la parábola del sembrador, el último terreno mencionado se cultiva y produce la cosecha deseada. Jesús dice que este simboliza «los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia» (Lucas 8:15). Este es el corazón verdaderamente preparado. En Mateo 13:23, Jesús dice que la buena tierra es una figura de una persona «que oye y entiende la palabra». En Marcos 4:20, Él dice que es un símbolo de«los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto» (énfasis añadido).

Él está describiendo a alguien con un corazón tan bien preparado que cuando escucha el evangelio, lo recibe con verdadera comprensión y fe genuina. La expresión que Lucas usa («retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia») indica asirse con tenacidad a la verdad y perseverancia en la fe.

La perseverancia con fruto es la señal necesaria de la auténtica confianza salvadora en Cristo. Esta es una de las lecciones clave de toda la parábola: la señal de la fe auténtica es la perseverancia. Jesús afirmó: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos» (Juan 8.31). La fe temporal no es una fe verdadera en absoluto.

El «fruto» de que se habla en la parábola incluye, por supuesto, el fruto del Espíritu: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22–23). Abarca todos los «frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios» (Filipenses 1:11). Un corazón verdaderamente creyente de manera natural ocasiona adoración, «fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15). Y el apóstol Pablo habló de las personas a quienes había llevado a Cristo como fruto de su ministerio (Romanos 1:13). Todos estos son ejemplos de los tipos de fruto que Jesús tenía en mente cuando expresó que la buena tierra representa a las personas que «dan fruto con perseverancia».

johnLa expectativa es que también darán fruto en abundancia. Mateo y Marcos dicen «dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno» (Marcos 4:20; cp. Mateo 13:23). Como hemos señalado anteriormente en este capítulo, cualquier cantidad de más de diez veces sería un inmenso retorno de la inversión del agricultor. Mientras Jesús está enseñando con claridad lo que sabemos por experiencia: que los cristianos no son todos igualmente fructíferos, al mismo tiempo Él está dando a entender que la abundancia de fruto es el resultado que se espera de la fe.

El fruto espiritual en nuestra vida debe ser abundante y obvio, no tan escaso que sea difícil de encontrar. Después de todo, somos «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10). Jesús afirmó:«Todo pámpano que en mí no lleva fruto, [el Padre, quien es el viñador] lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto» (Juan 15.2).

Ser fructífero, tener una divina y abundante cosecha, es el resultado que se espera de la fe salvadora. Esto puede ocurrir solo en un corazón que está limpio y bien cultivado.

Tomado del nuevo libro «Parábolas» de John MacArthur, publicado por Grupo Nelson. Descarga una muestra gratis aquí


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